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El sentido del olfato es un sentido sumamente importante en nuestra vida, no solo puede avisarnos de un peligro como una fuga de gas o un alimento en mal estado, sino que está vinculado de manera muy estrecha a las partes del cerebro que procesan las emociones y los recuerdos.

La capacidad de percibir olores es vital para la supervivencia de la mayoría de animales: les permite encontrar agua y comida, encontrar pareja, detectar un posible peligro e incluso puede utilizarse como medio de comunicación. Aunque nuestro sentido del olfato no es tan agudo como el de otros animales sigue siendo uno de los más sensibles, pudiendo llegar a detectar hasta 10,000 moléculas de olor diferentes. Una mínima cantidad de moléculas son suficientes para estimular nuestras células olfativas.

Para comenzar a entender qué son los olores y como los percibimos, hay que decir que en realidad olemos con el cerebro: a pesar de que parece que es la nariz la que huele, en realidad lo hace el cerebro. La nariz sólo recoge información que más adelante el cerebro interpretará.

A través de la nariz van a penetrar diferentes sustancias desde el exterior portadoras de moléculas químicas que generaran las sensaciones olfativas gracias a la estimulación de receptores olfativos ubicados en las fosas nasales. Estos receptores olfativos son en realidad células nerviosas olfativas y contamos con 12 millones de estas que se regeneran de una manera continua.  

¿Cómo olemos?

Aunque el proceso del olfato es sumamente complejo podríamos explicarlo así:

  1. Las moléculas de olor que se encuentran en el aire que inspiramos penetran en la nariz y allí se disuelven en la mucosidad de la pituitaria amarilla.
  2. Una vez disueltas estas sustancias estimulan los receptores olfativos.
  3. La activación de estos receptores envía un impulso nervioso hasta el cerebro, al bulbo olfatorio, y desde allí a la corteza cerebral donde será interpretado, y momento en el cual seremos capaces de percibir el aroma.

 Desde el bulbo olfativo, el mensaje de los olores se envía a dos regiones cerebrales: El lóbulo frontal y el sistema límbico. La primera de ellas es la responsable de reconocer e identificar los olores; El sistema límbico por su parte se encuentra relacionado con la memoria y las emociones. De este modo al recibir los impulsos nerviosos de los olores se pueden desencadenar emociones basadas en experiencias anteriores ya que el sistema límbico relaciona estos aromas con recuerdos de personas, lugares o situaciones vividas anteriormente.

Como curiosidad para percibir un mal olor necesitamos mucha menos cantidad de moléculas que para detectar aromas agradables, Esto es una adaptación dirigida a favorecer nuestra supervivencia. Los olores desagradables se asocian en nuestro cerebro a dos emociones que mejoran nuestra supervivencia: el asco y el miedo lo que genera un comportamiento de evitación de aquello que produce el mal olor.

¿El olfato es tan importante hoy en día?

A pesar de que hoy en día seamos menos dependiente del olfato de lo que lo fuimos en épocas remotas todavía es un sentido al que damos gran importancia, y  que a pesar de que no seamos completamente conscientes de ello, regula muchos de nuestros actos e impulsos. Es una parte importante de nuestra capacidad de captar y disfrutar  y participa en la elección de la pareja por poner algunos ejemplos.

Olfato y recuerdos

El sentido del olfato tiene una conexión con nuestra memoria y nuestras emociones más que ningún otro sentido. Todos en alguna ocasión hemos relacionado situaciones, momentos, lugares o personas con determinados olores de modo que al volver a percibirlos podemos revivir estas emociones o recuerdos a las que los asociamos.

El aroma a magdalenas nos puede hacer rememorar a nuestra abuela o el olor del cloro recordarnos unas vacaciones de verano, porque en nuestro cerebro lo hemos asociado así. No obstante, esto es solo un ejemplo y cada persona crea sus propios vínculos y asociaciones particulares La mayor parte de los recuerdos asociados al olor se suelen generar durante la primera década de la vida

Los olores por tanto pueden evocar recuerdos, modificar nuestro comportamiento y afectar a cómo nos sentimos

Los perfumes se basan en parte en esta conexión, a través de los aromas que seleccionamos buscamos   transmitir un mensaje, emociones y sentimientos; Un perfume puede relajarnos, resultar energizante, evocarnos un atardecer de verano, proporcionarnos una sensación de pureza y bienestar, enternecernos, ponernos nostálgicos o henchidos de felicidad.

El hecho de que un aroma agrade a uno y a otros no es debido a que cada uno de nosotros captamos y percibimos los olores de manera diferente y además los asociamos a estímulos diferentes. Nadie percibe un olor de manera idéntica a otra persona Cada individuo procesa un olor de forma exclusiva. El mismo olor no huele igual para todo el mundo. El modo individual en como percibimos los olores depende en parte de nuestros genes , tenemos aproximadamente unos 350 genes implicados en ello, y en parte de las asociaciones que creamos.

El olor también es sumamente importante a la hora de determinar la atracción entre dos personas. Hay estudios que demuestran que nuestro olor corporal está determinado por genes también determinan aspectos de sistema inmunológico, por lo que, aunque de manera inconsciente puede influir en la elección de nuestras parejas ayudándonos a decidir si esa pareja es compatible o no con nosotros, y por ejemplo elegir aquellas parejas con las que tenemos posibilidades de tener descendientes con sistemas inmunes más resistentes

En algunas circunstancias nuestra capacidad olfativa también se ve modificada por algunos factores como la ingesta de ciertos medicamentos, o situaciones fisiológicas como el embarazo en el que se vuelve extremadamente sensible. Esto podría ayudar a la futura madre a evitar sustancias potencialmente nocivas para el feto.

Nuestro sentido del olfato, igual que el resto, también se ve afectado por el paso de la edad, comenzando a perder sensibilidad a partir de los 65 años.

El olfato no es  el sentido que consideramos más importante la mayoría de nosotros, pero sin embargo es mucho más de lo que trasluce a siempre vista, es uno de los primeros que utilizamos, nada más nacer nos guiamos casi exclusivamente por él, y  nos acompaña influyendo en nuestro comportamiento a lo largo de nuestra vida, gracias a el saboreamos los alimentos, nos protege de peligros, recordamos el olor de nuestros padres o nuestros hijos, rememoramos nuestra niñez e incluso quizás elegimos nuestra pareja.

Inmaculada Monje – Bióloga y nutricionista

Bióloga y nutricionista

Licenciada En Biología por la Universidad de las Islas Baleares
Grado en nutrición Humana y dietética por la Universidad Isabel I de Castilla
Máster en Nutrición Humana por la Universidad Complutense de Madrid
COLEGIADA Nº IB00666 DEL COBIB
COLEGIADA Nº IB214 DEL CODNIB
MIEMBRO DE LA ACADEMIA ESPAÑOLA DE NUTRICION
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